martes, 28 de octubre de 2008

EL ROMANCERO MARICA 3

EL ROMANCE DEL CINE CARRETAS

Estando yo en el Carretas
haciendo dulce mamada
Las maricas que allí había
Con envidia me miraban.
Una se coló en el frente
Y torció hacia mí su cara
Otra en la popa se puso
Y miró desvergonzada.
Vide venir por un flanco
Como en carnaval, manada,
Centurias de locas viejas
Con la lasciva mirada
Y clavar sobre mi boca
Sus desdichas y desgracias
Para robarme la lefa
Que ya a empezar asomaba.
-.¡atrás maricas de villa
atrás maricas villanas
no me robareis el polvo
porque no me da la gana!.-
una luz de velatorio
por lo poco que alumbraba
iluminó vagamente
la arenga que descargaba
y pidió con voz severa
de cura de fe y sotana
que callase en el momento
porque del cine me echaba.
Al irse la luz, un chorro
De lefa de blanca nata
Saltó sin control alguno
Huyendo de mi garganta
Y cayendo sobre el rostro
De la centuria de ratas
Que devoraron la leche
Como si fuese carnaza.
Yo hice el esfuerzo en la polla
Otras llenaron la panza
De la leche de aquel rabo
Que tan dulce se pintaba.
Salió el bello legionario
Desde el patio de butacas
A lavarse el rabo al baño
Pues era lo que tocaba
Y detrás de él cuatro viejas
Que al estar mal colocadas
No llegaron al festín
Quedando desheredadas.
Iban con caras de puta
Y boca desencajada
Relamiéndose a priori
De lo que hallar esperaban.
Oí cerrar el pestillo
Cosa nada exagerada
Pues es normal oír los gritos
En cerradura oxidada.
-.¡silencio!.- dijo una loca
fingiendo ver la pantalla
-.¡aquí se viene a ver cine.-
sentenció la muy chalada
después la cubrió el silencio
y no se volvió a oír nada
y al mirar para la loca
vi con nitidez la causa:
un soldado le cogía
con su manaza la calva
y le metía la polla
casi como si la ahogara,
tosía la loca chupona
una tos amanerada
chupaba con tal vigor
que le corrían las lágrimas.
Se juntaron a su lado
para ver lo que pasaba
restos de la vil centuria
que todavía quedaba,
y tocaronse el paquete
y fingieron ser folladas
y gemían virginales
igual que recién casadas.
Volvió la luz un momento
Con actitud desmayada
Y se fugó como un beso
Que al cielo un amante lanza.
Un gemido, una corrida
Un chirriar de butacas
Y quedo para sentencia
Visto el polvo que acababa.
Me levanté de mi asiento
Pues el hedor no aguantaba
De prepucios de agria estirpe
Y culos que se expresaban
Aunque confieso, movido
Por curiosidad insana
Al creer haber oído
En el retrete, jarana.
Y lo que vieron mis ojos
Y que recuerda mi alma
Fue un festín de rabos tiesos
Y de bocas desdentadas
Chupando con avaricia
Lo que chupar les dejaban.
Las había atrevidas
Y para su edad, osadas
Que con los calzones fuera
Mostraban flácidas nalgas
Y agujeros que pedían.
A gritos una clavada
Una consiguió el estoque
Que su culo tanto ansiaba
Y la impresión del impacto
La dejó petrificada.
Otra pedía de rodillas
En un rincón, ser meada
Otra pedía latigazos
Y que la llamasen guarra.
Otra chupaba en silencio
Y con la boca ocupada
No le daba tiempo alguno
Para poder pedir nada.
Al principio estaba tieso
Sin saber qué hacer, muy pava,
Pero veloz fui arrastrado
Por tan singular batalla.
Busque la polla que antes
Me dejó en la estocada
Y la chupé sin mesura
Y con grandes bocanadas
Hasta que deje los huevos
Vacíos como campanas
Sin una gota de lefa
Sin una gota de nada.
Y me enganché por el culo
A un cipote de crianza
Curtido en sur de España
En donde el calor abrasa
Y ordeñé también su rabo
Y estaba tan dilatada
Que solo me taponaron
Con una mano cerrada
Gemí como un grito agudo
Cual sirena de ambulancia
Y sufrí el desgarro hermoso
Que un negro me provocaba
Pues al final de sus brazos
No había manos, sino mazas
Que golpeaban mi culo
Cual badajos de campana.
A otro le chupe la polla
Otro me meó en la cara
Y el negro movió su mano
Cual si fuera una cuchara.
Me corrí sobre una boca
Y meé sobre una calva
Y al sacarme aquella maza
Que tan bien tenía clavada
Salió de mi culo mierda
Y el olor que le acompaña
hizo que el sitio quedara
Despejado y sin un alma.
Me dejé caer al suelo
Palpitando como estaba
A enfriarme con las losas
Y después, volver a casa.